lunes, 2 de abril de 2007

CUADERNO DE BITÁCORA

El viajero recuerda haber recorrido en un pasado remoto campos, trochas, sendas, caminos... territorios todos ellos de una espacialidad que sólo habita ya en el recuerdo de su memoria; hasta parecen flores aquellas hortigas que le salían a su paso. Pero el viajero se lanza de nuevo al camino, ligero de equipaje, con lo justamente necesario, un teclado y un afán de anotar sobre una pantalla que emite signos electrizantes repentinos, enigmáticos signos, en un espacio que escapa a toda territorialidad y sin embargo anuncia astillas de fragmentos de lugares que es capaz de reconocer, espacios que recorre, lugares de que se impregna. Así, el viajero se hace eco de los escenarios de su vida, las pantallas que le habitan, los paisajes que le envuelven, los lugares y las vivencias que le alientan, cuanto da sentido y ofrece diatribas en el trajín diario del recorrido. Pero no es caminante con cuaderno en ristre ya lo que le dinamiza sino una invisibilidad más etérea que el aire, una inmensidad ignota frente al rectángulo iluminado de su pantalla, una indescifrabilidad de lo que tiene frente a sí. Alimentado por los sueños y deseos, entre el rumor de los días y la realidad infausta de los media, el viajero se dispone a dar testimonio al tiempo que ofrecer su cotidiana visión de los hechos. Esta, este, estos navegantes son multitud y en su unión tienen toda la fuerza de ser uno y de ser todos al tiempo. Mujer, niño, gay o lesbiana, indígena, obrero, piquetero, lacandón, subsahariano, palestino, chino o indio fabril, ecuatoriano o tibetano, todos los parias por quienes fuimos abrazados por el mundo entero y se nos sacudieron las entrañas y somos multitud y se nos agolpó repentinamente el calor todo del universo en esta parte del cerebro para salvarnos... Es por eso que el navegante se sabe ahora cibernauta de este espacio infinito, y con ayuda de su bitácora surca los inmensos espacios estelares de la galaxia, para testimonio e impugnación de este presente esbozado pero certero de un tiempo tan jodidamente apasionante, inverosímilmente real, tan estrechamente entreverado como este mismo cuaderno.

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