lunes, 4 de junio de 2007

DESFACHATEZ SIN LÍMITES

¿Ensayando Hamlet? de Manuel Ángel Conejero. Producción Fundación Shakespeare. Intèrpretes: Javier Raviculé, Lorena Alberca, Joaquín Ruíz, Mimi Santos, César Crespo, Manuel Ángel Conejero. Teatro Arniches, 1 de junio de 2007.
De largo vienen las excentricidades de Conejero y bien conocidas resultan sus obsesiones personales por su obcecado empeño en hacerlas públicas. Tras su desaparición de la escena pública, y cuando creíamos que su personaje había pasado a mayor gloria, vuelve con una nueva máscara añadida a las anteriores en esta nueva tour de force que es su subida a los escenarios para consagración y mayor gloria del actor patético que lleva dentro. El que se quiere para sí ‘Profesor’ (nunca un académico como tal, fuera Laín Entralgo, Aranguren, Tierno Galván, etc. necesitaron reivindicar ese apelativo que les fue investido desde fuera) parece llevar al escenario con su compañía de la Fundación Shakespeare un nuevo producto salido de sus oscuros devaneos mentales. El histriónico Conejero, que hace tiempo dejó de ser persona para convertirse en personaje prisionero de sí mismo, sube al escenario cuantas diatribas internas rumia su mente para padecimiento de un público que se acerca por el glamour del portento inglés. El profesor de universidad y especialista en Shakespeare vuelve a la carga con la tragedia más conocida del autor inglés, pero haciendo converger en ella el total de sus psicotropías, que no son pocas: el del académico susceptible de explicar e interpretar la obra, el del histrión frustrado que siempre quiso ser actor, el del excéntrico alocado y el del divo imposible. Bajo formato de ensayo de una función de Hamlet, Conejero en persona dirige a sus jóvenes actores por los pasajes más intensos y definitorios de la tragedia para permitirse toda clase de exégesis, comentarios, recitados y cuantas intervenciones considera oportunas, siempre presente con su figura en el escenario, paseándose entre el patio de butacas o con su voz a través de micrófono inalámbrico con respiración incluida hasta el punto de personalizar el total del espectáculo. Dicho montaje, que pudiera valer como interpretación personal del académico y estudioso de Shakespeare Manuel Ángel Conejero de la tragedia más famosa de la historia, pasada por el psicoanálisis y las corrientes de pensamiento del siglo XX (deconstrucción) no pasarían en condiciones normales de ser mera performance o workshop que acompaña a un profesor empeñado en ilustrar a sus alumnos el texto histórico del portento inglés, sin duda desde ese punto de vista con momentos interesantes para el estudiante ante pedagogía tan osada y didáctica ilustración. Pero lo que desde luego resulta toda una desfachatez es intentar vender como espectáculo toda la egolatría divista y ensimismada que despliega en cuanto le dejan el caricaturesco Conejero. Cualquiera que sepa apenas algo de teatro sólo puede sentirse incómodo por convertir a su joven elenco actoral de aprendices en títeres a su servicio sobre los que, como un Dios irreverente, ejerce toda clase de violencia física y psicológica travestido de gran Método escénico, permitiéndose interrumpirlos, abordarlos, obligarles como pipiolos a la repetición insuficiente, crisparles en suma. No se puede decir que todo el espectáculo sea basura pues ciertamente algo ha debido aprender el ‘profesor’ a lo largo de su dilatada carrera dedicada engañadamente al estudio de la figura del inglés, con ciertos momentos de recitado y actuación coherentes, pero que desde luego no dan la talla en un espectáculo hecho a la medida del divo. Resulta increíble lo que aguantan estos jóvenes deseosos de ser actores engañados de la forma más patética posible con este método que es la antipedagogía escénica actoral por antonomasia. Pues actores irregulares con voces en mal estado, sobreactuaciones y mucha voluntad es lo que vemos con un maestro de ceremonias que chupa todo el protagonismo rebajando a la condición de comparsa inmisericorde al elenco actoral. Y de nada de todo esto hablaríamos si no se tratara de una producción que lleva el sello de Teatres de la Generalitat al tiempo que de la Generalitat Valenciana y de la RadioTelevisió Valenciana. El astuto Conejero sigue engañando a diestro y siniestro, y vuelve a sus andadas de muñir dinero público para uso privado de sus excentricidades, públicamente visibles en los teatros públicos de la Generalitat Valenciana, es decir, subvencionados con el bolsillo de todos los valencianos. Nunca tan mal engendro debió de salir de la mente perturbada de quien lo parió para evitar heridas de quienes tienen un poco de amor propio por la profesión y por la cultura en general. Sólo cabe decir que el traumatizado Conejero ha caído en sus propias telarañas, cual Quijote enloquecido, por no haber podido nunca parecerse en un ápice a su admirado Shakespeare a quien tradujo a lo largo de décadas e intentó desentrañar como si el talento se contagiara, ni tan siquiera conseguir ser el mediocre dramaturgo que le hubiera gustado ser, reconvertido en patético artista de sí mismo que provoca la chanza más que cualquier otro sentimiento. Mucho nos tememos que hay dictador cultural, perdón ‘profesor’, para rato en la terreta donde todo es posible, incluso que los desnortados suban a un escenario y consigan arrancar aplausos. Una idea: en vez de ¿Ensayando Hamlet? un buen título en su futuro actoral podría ser “Divinizando Conejero”. Conejero a tus conejos...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pese a que todo crítico esté en su derecho de utilizar su retórica como le plazca,creo que existe en todo este discurso algo más que discrepancia profesional,y para vomitar toda clase de adjetivos discriminatorios...no hace falta ser crítico sino salir en cualquier programilla de tele 5...
Para Virgilio Tortosa:con todo el respeto por el cual usted no se ha lucido...